Yo me bajo de la globalización:

Los socialistas se quieren apear de la globalización. “Estuvo bien un rato, pero ya he tenido bastante: me bajo”. 

Es su respuesta a la incapacidad de ponerla bajo control, de gobernarla democráticamente, de hacerla compatible con el Estado de bienestar.

La frustración no es solo con la última fase, la globalización financiera, responsable de la crisis de 2008 —¿se acuerdan de aquella promesa de reformar el capitalismo?—, sino también con la globalización comercial: como vimos con ocasión del Tratado CETA con 
Canadá y el fallido TTIP con EE UU, la desconfianza de la izquierda, con la globalización, se ha extendido a su núcleo duro, el comercial, al que responsabilizan de la presión para rebajar los estándares laborales y medioambientales en los países más adelantados.

La izquierda se benefició mucho de la globalización que siguió a la II Guerra Mundial. Aquella apertura económica permitió a Europa reconstruirse, pasar del hambre y la devastación al Estado de bienestar y consolidar sociedades de clases medias, sanas y educadas. 

Los "treinta gloriosos”, como se llama al periodo que vade 1945 a 1975, son ahora la Arcadia feliz que la socialdemocracia contempla con nostalgia y a la que querría volver.

Gracias a la globalización después de la segunda guerra mundial toda Europa se pudo recuperar económicamente hablando, de estar pasando hambre a un estado de bienestar económico.Centrandonos en España causó la crisis económica de 2008, dejando a muchas familias desauciadas, elevando la tasa de paro y provocando la quiebra de empresas y de bancos.


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